De la bibliofilia y otras bestialidades librescas


 

En el Dizionario del bibliomane (2021), Antonio Castronuovo registra una entrada que, si no me equivoco, bien podría describir la labor de Ricardo E. Tatto: el bouquineur, una suerte de cazador de libros, de detective capaz de hallar esos ejemplares raros. En la fauna libresca, esta especie se distinguiría por su “enorme paciencia” a la hora de la búsqueda, por la suerte que acompaña a sus pesquisas, pero también por la alegría casi infantil al hallar ese título codiciado. Bouquineur es un término francés que alude a los compradores que visitan con frecuencia al bouquiniste, ese pequeño comerciante de libros viejos que habita en las orillas del Sena. Castronuovo propone un sinónimo en italiano: el bancarellista, el que ronda las bancarelle, lo que español podría traducirse como “librerías de ocasión”; Natalia Zarco —quien tradujo dicho libro con el título de Bibliopatías, bibliomanías y otros males librescos (2024)— apunta en una nota al pie una posible equivalencia en español: el “buquinista”: “Dado que el buquinismo es una religión con su reglamento estricto, que no se cumple ni en España ni en Italia”.

Pero bouquineur,  “buquinista”, o simple y más genéricamente “bibliófilo”, Ricardo E. Tatto es por mucho uno de esos amantes de los libros que sabe cómo abordar a los especímenes que pueblan el mundo de la palabra escrita y de sus muchos y variopintos tejemanejes. Así lo demuestra su Bestiario del bibliófilo (y otras fieras literarias) (2023), coeditado por Nitro Press y el Ayuntamiento de Mérida. Se trata de un libro inteligente, cuya erudición no sacrifica la amenidad, y que explora una destreza envidiable algunos de los males relacionados con el mundo del libro y lo que Tatto llama las “fieras literarias”.

Bibliófilos, bibliómanos, bibliófagos o bibliorreicos transitan por estas páginas. En la primera parte de este libro se dan cita cazadores y mercaderes, voyeristas y birladores,  coleccionistas y académicos, todos éstos aquejados por un mal común: la obsesión por el libro. Tatto visita también las manías y deslices de los lectores (oler libros, subrayarlos, marcarlos o personalizarlos con ex libris) y ofrece, además, una serie de consejos a manera de “guía práctica” para triunfar en eventos especializados, como lo son los congresos literarios. En la segunda parte, en cambio, Tatto da un giro y se adentra a escrutar esas otras “fieras literarias” que se desprenden del mundo libresco: la corrección política, los periodismos —el cultural y el de opinión—, la crítica cultural y los falsos dilemas entre el análisis académico y la crítica más libre y creativa. Acaso la única tara que podría reclamar en esta sección es la pérdida momentánea del hilo conductor, tejido con maestría en el primera parte; momentánea ya que Tatto vuelve sobre las “geografías literarias” para poner nuevamente sobre la mesa el asunto de los males asociados al libro y las formas de leer.

Daniel Salinas Basave, en el prólogo pergeñado para este título, confiesa reconocerse en las descripciones de los males librescos que Tatto nos presenta. Acaso esta sea una de las grandes virtudes de este bestiario: cualquier amante de los libros sabrá reconocerse en estas páginas. Y no es ésta, afortunadamente, la única virtud. Anota un par más: por una parte, la agilidad de la prosa, capaz de envolver y capturar al lector, y por otra parte, las resonancias y evocaciones, pues el libro sabe cómo conectarse con una infinidad de lecturas sin caer en el exceso de la cita (los epígrafes, por ejemplo, son excelentes a nivel de sugerencia y plantean muy atinadamente el devenir de cada sección).

Con este título, según se lee en la portada, Ricardo E. Tatto resultó “Ganador en Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida”. Reconocimiento muy merecido que devuelve la esperanza —y la credibilidad— a los empeños de los fondos estatales. Bestiario del bibliófilo es, en suma, un gran hallazgo; una de esas joyas que todo amante de los libros debería devorar o, al menos, tener entre sus posesiones.

 

Ricardo E. Tatto. Bestiario del bibliófilo (y otras fieras literarias), prólogo de Daniel Salinas Basave. México: Nitro Press-Ayuntamiento de Mérida, 2023.


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